Introducción al Estudio de la Morfología

 

Introducción al Estudio de la Morfología

Nora Múgica

Con esta introducción, es nuestra intención presentar un panorama general de la morfología, en particular de la morfología flexional del español desde la perspectiva de la enseñanza–aprendizaje del español como segunda lengua; los aspectos que ponderamos son los siguientes: cuáles son los constituyentes morfológicos que entran en combinación y forman una estructura, qué relación se plantea entre la  morfología flexiva y  la sintaxis, cuál es el aporte de significado que hacen los constituyentes morfológicos, y por lo tanto, cuál es el significado de las categorías gramaticales involucradas. Nuestro objetivo es abrir  las líneas centrales a tener en cuenta para la enseñanza/aprendizaje de una segunda lengua, en particular, del español como segunda lengua.

La morfología, al igual que la sintaxis, y en relación con el léxico, forma combinaciones que derivan en estructuras; estas estructuras, sean sintácticas o morfológicas, son los medios de que dispone una lengua, y por lo tanto, un hablante, para expresar un significado.

Cuando hablamos de morfología pensamos en tres formas básicas: morfología flexiva, morfología derivativa, morfología composicional. Hacemos una breve presentación de cada una de ellas.

 

  1. Acerca de la Composición.

La composición  genera palabras por un mecanismo de asociación (en términos más precisos, de adjunción o de adición) de dos unidades individualizables o identificables, con autonomía, es decir, dos unidades que tienen existencia en los diccionarios de la lengua y en el diccionario mental del hablante. Por ejemplo, guardabosque, guardarropa, lavaplatos. En cada uno de  los tres ítems identificamos dos partes equivalentes, un verbo (=V) la primera, un sustantivo o nombre (N) la segunda. La fusión de las dos unidades forma una nueva unidad, que toma la categoría de la segunda, no de la primera, es decir, que es un N (podemos decir el guardabosque, el lavaplatos, el lavaplatos nuevo, etc.). Ahora bien,  mirando esta cuestión desde una perspectiva más general, formulamos la siguiente pregunta: ¿Qué aspecto de la composición, y podríamos decir, también de la derivación y de la flexión, interesan desde el punto de vista del conocimiento que tiene un hablante nativo y un aprendiz de una segunda lengua? Lo que interesa destacar es que el conocimiento de la morfología (en los dos sentidos que hemos indicado, el del hablante nativo y el del aprendiz) es sistemático, es decir, que se recurre a la formación de palabras siguiendo  patrones básicos, modelos de formación. Entonces, la estructura de los casos que hemos presentado se reduce a un esquema de formación que se repite con igual orden y con igual selección de categorías para formar nuevas palabras. A esto nos referimos cuando decimos que hay sistematicidad. En efecto, volviendo a los casos que hemos mencionado, no es factible este esquema de formación entre un N y un A (=adjetivo). No sería un ejemplo aceptable e integrable en el  grupo anterior  *casalinda/ *lindacasa o bien en otro orden del indicado, *bosqueguarda. La sistematicidad asegura  la adquisición y el aprendizaje de una lengua; cuanto menos sean las estructuras-tipo, menos esfuerzo tendrá que hacer un hablante para producir palabras o para comprender las que lee o escucha.

No es la abordada la única forma de composición. Sobre este punto se trabajará en el apartado 3: Léxico.  

Surge una nueva pregunta, y es acerca del significado: si, como dijimos al comienzo, la morfología así como la sintaxis, son formas lingüísticas que sirven para expresar un significado, ¿puede ser que el significado de la palabra compuesta sea equivalente a la suma de las unidades que la constituyen? El análisis de los casos propuestos parece decirnos que no; veamos: guardar es un Verbo que denota “la acción y el hecho de colocar algo en un lugar” para protegerlo, preservarlo, es decir, se ubica dentro de los verbos de locación, en algunos sentidos, semejante a colocar, a poner, pero con una mayor especificación. O sea, guardar es algo más que colocar. Por otra parte, se trata de un verbo transitivo con objeto obligatorio. Al decir guardabosque, bosque es el objeto de guardar, pero guardabosque no es “guardar el bosque”, “cuidar el bosque”; el sustantivo formado  denota una entidad, un alguien que tiene la profesión,  que realiza el trabajo de guardar o cuidar un bosque, e incluso podría definir un individuo  o ser predicado respecto de un individuo por ejemplo, predicado de Juan, Juan es guardabosque. Podemos acompañar estas  reflexiones  chequeando el diccionario. Miramos el diccionario de María Moliner u otro diccionario a nuestro alcance  y nos da en el uso de guardar la siguiente entrada general:

guardar :»Poner una cosa en sitio donde está reservada o protegida, o en el sitio donde le corresponde estar”. De guardabosque sólo dice

guardabosque o guardabosques n. Guarda de bosque

entendiendo a guarda como un sustantivo, como la persona que custodia, similar o equivalente a guardián.

Pero veamos además, que, poniendo en paralelo los dos sustantivos, guardabosque / guardarropa hay una coincidencia de estructuras, pero una diferencia en el tipo de referente al que aluden: en el primer caso se alude al agente, a quien realiza o ejecuta una acción, en el segundo, en cambio, al locativo, al objeto material que expresa el lugar en el que se guardan las ropas. Es decir, la estructura de combinación de palabras es una, pero el significado del conjunto tiene o puede tener otro referente, y distintos rasgos semánticos específicos.

 

  1. Acerca de la Derivación.

Entendemos por derivación la formación de palabras por medio de categorías léxicas (V, N, A) que forman la base léxica del derivado, más  al menos un constituyente menor que la palabra, los afijos. Veamos la serie que sigue: distribuidor, caminante,  descubrimiento, destrucción, predecir, reorganizar, metaforizar, embotellar . Cada uno de ellos tiene un constituyente léxico y un morfema, -dor, -nte, -miento ,- ción , pre-, re-, -izar, en- .

Los afijos (sufijos y prefijos) aportan un significado al conjunto, un significado estable, constante, que es el eje de todo el paradigma, toman una posición fija (en español, anterior o posterior a la base, son prefijos o sufijos) y se asocian a una determinada categoría léxica (la que conforma la base léxica del nuevo ítem);  puede decirse, entonces, que los afijos son los que seleccionan, o eligen, con qué categoría léxica van a combinarse.  Lo destacable es que a partir de este esquema tan simple de formación, pueden lograrse infinitos paradigmas, algunos  ya consolidados en el vocabulario del español (como lo indica el hecho de que aparezcan en los diccionarios) u otros que el hablante forma con mayor libertad, utilizando sufijos, por ejemplo, de alta productividad (sufijo –izar es uno de los casos más relevante). Nuevamente, insistimos en lo que sostuvimos respecto de la composición, la sistematicidad de la formación favorece la creatividad del hablante, la formación de nuevas listas de ítems léxicos  y las posibilidades de expresión.  Pero además, en lo que se refiere al léxico, la formación de nuevos paradigmas es sin duda uno de los aspectos más sobresalientes en relación con la enseñanza aprendizaje del español como segunda lengua. Es cierto que el léxico tiene que aprenderse y suele ser uno de los aspectos en el que más se diferencian las lenguas y que requiere más estudio y aprendizaje individual. Si bien el léxico derivado está en este mismo marco de exigencias, tiene una diferencia: en la derivación hay un esquema de formación que se repite, hay un afijo que se reitera a lo largo de todo el paradigma, y este esquema y este afijo nos permite al menos identificar qué tipo de palabra se forma e incluso aproximarnos a qué significado general está expresando. El número de afijos de una lengua es finito; tiene coincidencias con los de otras lenguas, y forman paradigmas en muchos casos, semejantes.

Imaginémonos un aprendiz del español que escucha o que lee: producción, innovación, deliberación, consideración etc. Seguramente que reconocerá la parte final de las palabras que es igual –ción, y por lo tanto, deducirá que éste es un constituyente que forma un paradigma similar. Si además escuchara o leyera la palabra en un contexto, sin duda  podrá deducir que se trata de un sustantivo en español, que proviene de un verbo o es derivado de un verbo; porque podrá escuchar: la producción de carnes,  la innovación productiva,  la deliberación del senado, la consideración de la ley, etc. es decir, a la deducción morfológica se le suma la indicación sintáctica más elemental, la que dice que el artículo precede a un sustantivo, que el adjetivo acompaña al sustantivo,  y en un nivel más avanzado, el complemento precedido por de que acompaña al sustantivo es también una pauta para el reconocimiento  de un elemento nominal. Es decir, aunque no conozca la palabra de base, el ítem léxico seleccionado para cada caso, los esquemas o diseños morfológicos juegan un papel central en la adquisición del español (y creemos de igual modo, de otra lengua con estructuras comparables a las del español).

Estos y otros varios aspectos pueden ser tenidos en cuenta en el estudio y en la enseñanza de la derivación, pero dado que exceden los alcances de este capitulo, será tema de trabajo en el capítulo morfología derivativa, en el apartado 1, y de léxico, en el apartado 3.

 

  1. Acerca de la Morfología Flexiva.

La morfología flexiva, que es el tema central de este capítulo, importa como punto inicial para el aprendiz del español como segunda lengua (L2).Con la palabra flexión denominamos las variaciones que tienen los verbos para indicar tiempo, modo, aspecto, persona, número y en algunos casos, voz; y las que presentan los sustantivos: número, género, y según las lenguas, caso.

Es sabido que las lenguas se diferencian unas de otras en mayor o menor grado por la morfología de la flexión. Se dice que el español es una lengua con una morfología rica; ciertamente lo es. Lo que se quiere decir con esta afirmación es que el español expresa por la flexión las relaciones gramaticales que permiten expandir una estructura, es decir, generar una serie sintagmática bien formada recurriendo a elementos sintácticos y morfológicos; fundamentalmente expresa con la flexión (verbal o nominal) los fenómenos de concordancia que es una relación básica a la hora de formar estructuras. La morfología del español se manifiesta, entonces, por medio de sufijos  y desinencias. Hemos introducido dos categorías sobre las que es necesario volver, la de concordancia y la que más específicamente llamamos categorías gramaticales.

¿Qué entendemos por concordancia? Denominamos concordancia a la relación gramatical que media entre un N y un A (concordancia en género y número), entre la flexión manifestada en la terminación o desinencia que se adjunta al Verbo y los rasgos propios del N sujeto. ¿Qué rasgos? Un N (casa, mesa, puerta, libro, estante, botiquín…) está marcado inherentemente por un género (que en español se da en la oposición masculino/femenino[1]), y además puede ser expresado con variación de número, en singular o en plural;  decir que “está marcado inherentemente” significa que el hablante no lo puede cambiar, que el diccionario lo indica como un aporte de información básica; será la mesa y no habrá ocurrencias en las que pueda darse *el mesa[2]. Téngase en cuenta que el español es una lengua con artículo (definido: el, la; indefinido: un, una y los plurales)[3] , que este artículo que precede al N manifiesta también una flexión en género y número. Es decir, tener un rasgo de género como inherente supone la arbitrariedad de este rasgo; no hay selección, y este hecho del lenguaje implica , supone que el aprendiz del español tenga que introducirse , en primer lugar, en un sistema en el que el artículo es variable( puede tener una lengua materna sin artículo, o con artículo no variable), que aporta un significado relevante, que su omisión importa también como una distinta forma de significar, pero además, como sucedería con cualquier otra lengua, tendrá que aprender y almacenar en la memoria los sustantivos y sus géneros.   Suele ser éste uno de los puntos de mayor dificultad en la adquisición de una segunda lengua con las características descriptas,  y cuyo dominio requiere una importante concentración de parte del docente y del alumno. Es una tarea individual de internalización, cuyos resultados dependerán, en gran medida, de los objetivos que tiene el que aprende la lengua.

Como hemos señalado más arriba, y es de conocimiento compartido, la morfología es el área del lenguaje que trae mayores diferencias entre las lenguas, por lo que exige un  mayor esfuerzo de aprendizaje; pero además, aunque una formación o estructura no acertada, con fallas por ejemplo  en la concordancia o en el género del sustantivo (supongamos que alguien diga * la gato blanca, *el gato blanca)  pueda igualmente ser interpretada (estamos pensando en la comunicación oral) no obstante puede incidir negativamente  en determinadas situaciones comunicativas o ser un factor pragmáticamente negativo.

 

Redondeamos esta presentación con el análisis de la serie que proponemos:

(1) i. la vida apacible y tranquila de los habitantes del lugar

  1. *la vida apacible y tranquilo de los habitantes del lugar

iii. *la vida apacibles y tranquilas de los habitantes del lugar

  1. *me encantaron la vida apacible y tranquila de los habitantes del lugar
  2. me encantó la vida apacible y tranquila de los habitantes del lugar
  3. *trajo gracioso

vii.?*trajo gracioso el chocolate

En términos generales una muestra como la de (1) indica, en primera instancia, el juego de la concordancia. Un juego que pesa en la determinación de las estructuras bien formadas y de las no bien formadas. Marcamos con* las combinaciones mal logradas. En los ejemplos de SSNN (sintagmas nominales), hemos elegido dos adjetivos, coordinados, uno de ellos sólo variable en número, el otro, en género y número. Las fallas de concordancia en (1ii y iii) se refieren a la concordancia nominal, falla de género y de número, respectivamente. La oración (1iv) en relación con (1v) plantea un problema de concordancia de número entre sujeto y flexión verbal. (1vi) es un ejemplo en el que se conjuga morfología con sintaxis; por un lado, desde la sintaxis, en cuanto a que gracioso, siendo un adjetivo, no puede ocupar solo  la posición de complemento de traer. Digamos que trajo (=traer) como verbo característico que proyecta un objeto, pide un SN (trajo galletitas de colores), o un SDET (SDET : Sintagma determinante) (trajo las galletitas). Gracioso acusa un género masculino que únicamente podría ser referido al sujeto (supóngase, sujeto de tercera persona masculino singular), pero aunque teniendo marcas morfológicas tanto gracioso como trajo, la interpretación queda bloqueada, falta estructura; caso tipo el de (1vi) de cómo la sintaxis y la morfología trabajan juntas pero con aportes individuales en algunos casos.

Algo acerca de las categorías gramaticales. Hemos introducido las categorías gramaticales que aparecen en la flexión del verbo y del nombre. Queremos agregar ahora algunos conceptos básicos que serán ampliados y desarrollados en los siguientes artículos (El Presente, El Pasado: tiempos simples y compuestos, y El Futuro), conceptos que puedan ser tomados a modo de breves justificaciones de los tiempos que forman el sistema del español y de sus usos. Analicemos  la serie siguiente:

 

(2) cantamos, cantábamos, hemos cantado, habíamos cantado, cantaremos, cantaríamos

 

Estamos frente a formas del verbo cantar (verbo regular de la primera conjugación). La morfología de las formas propuestas marca una coincidencia, la de la desinencia –mos que expresa persona y número (primera persona del plural). Esta parte de la palabra flexionada a la que denominamos desinencia tiene un significado gramatical, como hemos dicho, el de persona y número, que si bien aparece en la desinencia que acompaña al verbo, es  una indicación de tipo nominal, es decir, que caracteriza al nombre, número, en la oposición singular /plural, persona, en cuanto a la distinción entre 1º, 2º, 3º persona. Dos categorías que corresponden al nombre y que por concordancia se retoman en la desinencia adjuntada al verbo. Es decir, estamos expresando que el sujeto posible es un elemento que tiene que ser primera persona y plural. Como el español es una lengua que puede omitir el sujeto, la desinencia sola nos facilita al menos esta información referencial. La segunda persona importa particularmente. El español presenta la siguiente alternancia: tú –vos; vosotros –ustedes con las consiguientes diferencias en la forma de los verbos (remitimos para ello a los artículos mencionados). La  gramática del español que estamos describiendo  está enmarcada en la variedad rioplatense, que adopta la forma vos -usted / ustedes, de modo que vos cantás / tú cantas son variedades dialectales. Usted canta: variedad de orden social que alterna con vos.

 

Por otro lado, en la serie mostramos una variación  entre las formas verbales, se trata de las diferencias de tiempos (presente, pasado, futuro) dentro del orden de lo paradigmático, a lo que se une la semántica temporal y la aspectual. Explicamos un poco estas afirmaciones sólo como una introducción, ya que se trabajan específicamente en los capítulos  aludidos.  Esto es, si armamos un esquema de la conjugación del español, se dirá que el mismo se articula sobre la línea temporal del presente, del pasado y del futuro, al igual que en la mayor parte de las lenguas. Pero de entre los miembros propuestos en (2), ciertamente podremos extraer a hemos cantado como una forma clara de expresión de anterioridad (tomando siempre el hoy y el ahora como punto de referencia); así como cantamos, en una de las interpretaciones morfológicas, estaría también en la indicación clara de algo que sucedió en un tiempo anterior al del presente (de la enunciación). Mientras que habíamos cantado es un tiempo que implica un contexto. ¿Por qué decimos que implica un contexto? Por el hecho de que aun cuando no haya un contexto explicito de referencia (cuando llegó Pedro, en el ejemplo (3)), igualmente habíamos cantado supone un tiempo anterior a otro, también del pasado. El  que no haya un contexto explícito no quiere decir que no se pueda deducir o inferir de lo que antecede, por ejemplo. Decimos

 

(3)Habíamos cantado cuando llegó Pedro

 

e interpretamos “en ese momento, entonces, ya habíamos cantado”.

Ahora bien, cantábamos es también un tiempo del pasado

 

(4) Cantábamos en la Capilla

 

indica que realizábamos esta acción en un momento anterior al del hoy y ahora. Entonces, el sistema del español presenta dos expresiones del pasado (o tres, para ser más precisos): cantamos, hemos cantado, cantábamos en una distribución que puede representarse de la siguiente manera:

 

(5) cantamos, hemos cantado // cantábamos

 

¿A qué indicación adjudicamos este sistema? Así como el tiempo, el otro eje gramatical pertinente es el aspecto. El sistema del español se estructura entre lo acabado y lo no acabado; cantamos, hemos cantado: acabado, terminado; cantábamos: lo no acabado.

Nos queda por responder aún  cuál es la diferencia o la relación entre cantamos y hemos cantado. En nuestro español regional (creemos posible extenderlo al español de la Argentina), no se registra, no se capta una referencia semántica temporal que  identifique cada forma temporal y la diferencie entre sí; decimos uno u otro, o bien, preferimos uno a otro, sin mayor justificación. El español del Río de la Plata, variante con la que estamos preferentemente trabajando,  prefiere la forma simple cantamos en lugar de la compuesta, que es la generalizada, en cambio, en otras regiones.

Otras cuestiones pendientes: ¿se entiende el presente canto como una acción en este momento, ahora, como un presente real (actual)? ¿O, más bien, canto es entendido como soy cantante, o con otras variaciones según los contextos? Ciertamente cabe hablar de un presente temporalmente extendido para indicar que incluye al ahora, y se corre hacia el antes y hacia el después. Pero con sólo esta especificación dejaríamos de lado otros valores. Porque los matices aspectuales y temporales se entrecruzan, y de hecho la necesidad de precisar la instancia de tiempo a la que queremos hacer referencia, nos lleva, en el uso del español, a un paradigma alternativo: estar +gerundio. De modo que estoy cantando sí indica un hoy y ahora, de igual modo estábamos cantando refiere más directamente al proceso en ejecución  y ocupa en numerosas ocurrencias el lugar de cantábamos.

 

(6)Estábamos cantando en la Capilla, cuando apareció Pedro vs. Cantábamos en la Capilla  …

 

¿Qué otras consideraciones pueden hacerse?  La ambigüedad morfológica de cantamos y como la de él, la de los verbos regulares de la primera conjugación. Dos opciones si lo pensamos fuera de contexto: la de un presente, la de un pasado (simple)

Acerca del futuro , dos aspectos centrales: uno, que más que un tiempo expresa una modalidad; otro, que en la indicación de lo mediato y lo inmediato, alterna con la frase verbal: voy a ir  es lo esperado antes que iré, con una fuerte marca modal de tener la intención de, de comprometerse a … Acerca de cantaríamos, interesa su uso relativo , en el contexto de lo posible o de lo irreal, cantaría si pudiera ( = “tal vez cante”, o “pero no puedo”).

Hasta aquí esta Introducción a  la morfología flexiva en lo que consideramos los ejes centrales a tener en cuenta. El abordaje particular, detenido y  ampliado del presente, pasado y futuro es el tema de los capitulo que siguen.

 

Pero antes de dar por terminada esta introducción, vale incluir una muestra de una de las maneras de trabajo, de la metodología  que hemos seleccionado, la del diálogo ( real / ficticio) acompañado en este caso por situaciones de error y de autocorrección; además, para recuperar lo que dijimos al comienzo , cómo la morfología se entrecruza con la sintaxis y ambas con el léxico. En el diálogo que presentamos a continuación, entre A (alumno) y D (docente)  juegan  las formas del pasado en relación con el léxico verbal, tema a desarrollar en próximos capítulos.

 

A: Cuando mi amigo se casó, tuvo 34 años.
D: ¿Tuvo 34 años? No está bien.
A: ¿Por qué está mal?
D: Porque no puede decirse tuvo 34 años
A: Entonces, ¿cambio tuvo?
D: Sí.
A: ¿por otro pasado?
D: Claro.
A: Cuando mi amigo se casó, tenía 34 años.
D: Ahora sí, está bien. Sigamos con otro caso
(el docente va a llevar al alumno a reproducir estructuras similares con otros verbos)
D: Te pido que pongas en el espacio en blanco lo que corresponde:
Y le propone:
D: Cuando mi amigo se casó, ———– [ponerse, alquilar] un traje gris, —–, [contratar+una orquesta ]  etc.
A: Cuando mi amigo se casó, se ponía, alquilaba un traje gris, contrataba una orquesta.
D: Ahora está mal.
A: ¿mal? Pero si hice lo mismo que antes…
D: Sí, pero en este caso, hay que decir “Cuando mi amigo se casó, se puso, alquiló, contrató, bailo, se divirtió, invito”. Etc.

Es de suponer o de imaginar que nuestro alumno está (o esté) desconcertado. No puede atinar a armar un esquema regular del pasado que debe colocar. Como conocedor de su lengua nativa, busca sistematizar, busca regularizar, pero esto se le escapa. El asunto tiene su complejidad, porque el  diccionario mental, y el que contiene las listas de  vocabulario en  papel o digitalizado del que dispone nuestro  aprendiz  citan listas enormes de verbos que podrían  perfectamente encajar en este contexto (en el de «cuando se caso…»), y en un caso le hemos dicho  que tiene que ir tenía (el pasado imperfecto de tener) y en el otro, cuando procede de igual manera, el de se puso (el perfecto simple). Es evidente que lo único que se ha modificado es el léxico, y ahí está la  cuestión. Un problema de léxico que desarrollaremos en otro artículo; pero para no quedarnos sin explicación,  podemos ir adelantando que en la base de los verbos, en su significado más elemental, primigenio y tipológico,  aquél del que no da cuenta el diccionario, está la  diferencia entre la denotación de estado y la denotación de acción, proceso y cambio. Y esta diferencia básica distancia a tener (34 años, tener  un auto descapotable, una casa ruinosa, un  hermano gemelo, etc) de ponerse (un sombrero, un traje, e incluso, ponerse nervioso). Es que ponerse o poner expresa un cambio. De aquí,  las incompatibilidades que hemos marcado. Ciertamente que la conjunción entre la información morfológica que debe manejar y la información que procede del léxico genera un campo de dificultades en el alumno, que pensamos irá perfeccionando estas relaciones a medida que avance en los niveles de conocimiento del español.

Tengamos  presente que nuestra gramática personal, nuestra gramática  mental busca y necesita armarse de un cuadro de  regularidades, por lo que  el procedimiento del alumno es en principio bueno, es adecuado, salvo que con la morfología y con el léxico, las regularidades se desdibujan o se bloquean.

 

Palabras –clave: morfología flexiva/morfología composicional/morfología derivativa; conocimiento sistemático/ flexión verbal, flexión nominal/concordancia/categorías gramaticales [número, persona, género; modo, tiempo, aspecto]

 

[1] El neutro no es un género que afecte al sustantivo, no tenemos sustantivos marcados por género neutro, y por lo tanto, tampoco tenemos desinencias nominales neutras. Sí quedan algunas manifestaciones en los pronombres demostrativos,  esto;  eso;  aquello; en la forma lo, cuando decimos  lo mío, lo tuyo, lo nuestro (=todo lo que es mío, tuyo, nuestro, sin especificación del referente); así,  entre el mío / lo mío hay diferencia de significado porque hay cambio de la referencia.

[2] Vale una acotación respecto al género: que hay series de sustantivos que admiten ambos géneros, ya que adoptan un género semántico en relación con la referencia, si bien con un cambio morfológico de la desinencia. Sea el perro /la perra, el doctor / la doctora; el ministro /la ministra, el intendente / la intendenta, el presidente / la presidenta.  

[3] Se aborda en particular este tema en la el capítulo 2 , Serie 1.