Una nota acerca del artículo definido en español

Una nota acerca del artículo definido en español

De cómo su origen y evolución permiten explicar sus rasgos gramaticales

Lorelei Cisneros

El comportamiento de los determinantes en el sintagma nominal es uno de los capítulos más interesantes de la gramática del español. Qué elementos cumplen esta función, cuándo aparecen y en qué posición, qué interpretaciones semánticas habilitan, cómo se clasifican son algunas de las preguntas que dispara su abordaje y cuyas respuestas exigen remitir a factores de distinta índole (sintácticos, semánticos y pragmáticos)[1]. Y, precisamente, por alcanzar problemáticas diversas atinentes a distintos dominios, el tema constituye un tópico fundamental en el estudio del español como L2.

Como sabemos, los determinantes (también llamados especificadores en ciertos tratamientos) tienen un importante valor gramatical: son los responsables de las propiedades referenciales del SN. Esto significa que permiten seleccionar e individualizar un subconjunto dentro del conjunto de las entidades denotadas por el núcleo nominal y sus complementos.

Si bien constituyen un paradigma cerrado, no forman una clase absolutamente uniforme pues absorben distintas subclases en su interior. En general, las gramáticas dividen los determinantes en dos categorías: por un lado, los determinantes identificadores, elementos que otorgan referencia al nombre, como los artículos y los pronombres posesivos y demostrativos antepuestos al N, y por otro lado, los determinantes cuantificadores: numerales e indefinidos que le otorgan referencia pero al mismo tiempo lo cuantifican.

En esta oportunidad, proponemos detenernos en los determinantes identificadores, en particular en el artículo definido (el, la, los, las, lo)[2], aunque, como veremos, los enlaces con los otros elementos del paradigma se harán necesarios para la descripción y explicación de sus propiedades específicas.

La idea fundamental que queremos sostener y desarrollar aquí es que muchos de los rasgos gramaticales que caracterizan al artículo definido, y a los determinantes en general, están condicionados en gran parte por las razones que dieron origen a su formación como categoría y a su evolución en el desarrollo del español.

Es un hecho bastante conocido que el artículo del español es el resultado de una transformación lingüística innovadora propia del romance pues, como categoría, era inexistente en el latín.

Es por ello que, entendemos, aproximarnos a los rasgos del sistema determinante latino, a la naturaleza de los cambios que se produjeron en romance y al papel que cumplió el artículo en ellos puede proporcionarnos algunas claves para comprender las propiedades fundamentales de esta categoría: su forma, sus funciones, sus valores semánticos.

***

El punto de partida

Vamos a precisar un poco más lo que anticipamos en el parágrafo anterior. El artículo, como forma presentadora, individualizadora y actualizadora del sustantivo no existía en latín. Su origen suele explicarse como el resultado de un fenómeno de reorganización en el sistema pronominal latino, específicamente, como una de las más importantes de las transformaciones que renovaron por completo el rico y complejo sistema deíctico del latín en el paso al romance.

Los demostrativos latinos se organizaban en torno a las referencias personales consideradas desde la primera persona; tenían, por tanto, una función deíctica. En términos generales, podríamos señalar que el latín contaba con el pronombre hic, referido a la primera persona; iste a la segunda e ille a la tercera.

Mientras que los valores de hic se corresponden, básicamente, con los del español este, y los de iste con ese, el valor semántico de ille era más difuso o impreciso. En principio, señalaba lo relativo a la tercera persona o, más específicamente, lo alejado y ajeno a los interlocutores.

La explicación más habitual deriva el artículo del demostrativo ille. Y resulta bastante lógica, si atendemos al hecho de que, por expresar la lejanía, poseía un valor semántico menos específico y puntual y que, por lo tanto, podía ser más fácilmente reemplazado por otros significados menos referenciales y más gramaticales.  

En el latín tardío, empiezan a aparecer formas reducidas de ille y son estas las que habrían evolucionado en el artículo del español: el sería el reflejo normal de *ile, y ela de *ila y los plurales elos, elas lo serían de *ilos, *ilas[3].

Suele hablarse de un debilitamiento de la unidad, de una pérdida progresiva de su carácter deíctico en favor de uno anafórico o, simplemente, como actualizador general.


El artículo funciona como actualizador del sustantivo.

Se emplea para remitir a la totalidad de los elementos de un conjunto porque otorga una referencia inequívoca y determinada, como se evidencia en los siguientes contrastes:

Compré libros en la feria/Compré los libros en la feria.

Recibí una noticia / Recibí la noticia.


 El artículo como actualizador

♣♣♣

El perro estaba inquieto.

El perro es el mejor animal de compañía.

Los perros son los mejores animales de compañía[1].

En el primer caso, se remite a un individuo particular, el es un presentador anafórico que remite a una entidad ya mencionada o con referencia recuperable. En los otros dos ejemplos, la presencia del artículo permite predicar una propiedad de una clase o género natural o atribuir dicha propiedad al conjunto plural de los individuos que representan la clase/especie. Es por eso que en estos casos funciona como presentador genérico.

1. Ejemplos tomados de Leonetti (1999: 874) y Rodríguez Ramalle (2005: 133).

♣♣♣

Algunos filólogos, como Lapesa, sostienen que, en realidad, este cambio de valor no implica necesariamente un debilitamiento sino, más bien, una modificación en su función, que pasa a ser la de marcar la distinción entre entidades virtuales (sin artículo) o existentes (con artículo), dado que éste servía para indicar si el sustantivo:

se tomaba en sentido categórico, como expresión de una noción virtual, o si, actualizado, se refería a seres o entidades existentes, a procesos o fenómenos que tienen lugar en la realidad (…)” (1961, 27).

 

Debilitamiento o modificación funcional, lo cierto es que este cambio se produce en el marco de un proceso mayor en el que se intensifica el uso de formas identificadoras (demostrativos, posesivos, indefinidos), que se hacen en romance mucho más frecuentes que en latín, incluso en construcciones en que su presencia es redundante[4].

Es este empleo más sostenido de formas pronominales el que trae aparejado el fenómeno que mencionamos: el uso del demostrativo de tercera persona ille como un presentador, anafórico o genérico, constante en posiciones temáticas (se trata, por otra parte, de un fenómeno recurrente a lo largo de gran parte de lenguas derivadas del latín, a excepción de unas pocas derivaciones romances, en las que la unidad que se gramaticaliza y da como consecuencia el artículo es el demostrativo enfático ipse)[5].

Como señala Jiménez Juliá (2002:4/2006:104), este fenómeno lingüístico debe ser inscripto, además, en un contexto de pérdidas generalizadas de expresiones gramaticales sintéticas y de incorporación de recursos analíticos que las reemplazan. Debemos recordar al respecto que, en el paso del latín al español, se sustituye el rico sistema casual por un complejo sistema de preposiciones que permitió expresar lo que antes expresaban los casos.

En este cuadro, una situación especial se dio con el nominativo que, por ser el caso presentativo, el caso del tema, el caso recto carecía de la posibilidad de indicación a través del sintagma preposicional. Eso volvió necesaria la creación de otro tipo de unidad que permitiese asegurar la expresión de los rasgos propios del nominativo. Para lograr ese recurso se formula el artículo, como presentador analítico.


Es justamente este carácter presentador del artículo definido que lo vuelve incompatible con ciertos verbos, por ejemplo, con los existenciales como haber. Su combinación provoca un conflicto entre el carácter existencial del verbo haber, típicamente representacional –se usa para transmitir información que aparece por primera vez y se supone nueva para el oyente– y el carácter determinado del SN que implica el conocimiento previo de la referencia.

En consecuencia, haber no podrá combinarse con una descripción definida o especificada por artículos definidos:

*Hay los capítulos que me interesa revisar.


Así, entonces, el artículo se constituye como la unidad que sustituye a la flexión de nominativo de la que, en consecuencia, toma sus propiedades. Un sustantivo en nominativo tenía valor temático, otorgaba al nombre una naturaleza definida y determinada. Como en muchas otras lenguas, el nominativo latino era el caso para la identificación de la referencia, señalaba información ya conocida –o que se suponía identificable-, esto es, establecía aquello sobre lo cual se iba a predicar en la oración. Esto responde a razones muy sencillas: el interlocutor, para poder identificar el tema, requiere que la referencia sea identificable, esté definida, y no resulte un concepto abstracto o sea una entidad carente de referencialidad. Aunque, en sentido estricto, la información no sea siempre compartida, el nominativo primero y el artículo después indican que el locutor la presenta como tal.

Un efecto asociado a esta necesidad de marcar analíticamente la determinación de la unidad temática es el de establecer un lugar determinado en la estructura del sintagma.

Ciertamente, en el paso del latín al español, se fija la posición del artículo, como antepuesto al sustantivo que determina[6].


La reorganización del sistema pronominal latino da lugar a restricciones en relación con la combinación de los elementos del paradigma. Otros determinantes, como los demostrativos y posesivos también funcionan como identificadores, es decir, asignan referencia a un nombre común identificándolo. El reajuste operado en el paso del latín al español, hace que, antepuestos al nombre, ya no admitan la posibilidad de combinación con el artículo definido: *El este libro o *Los míos libros. (En clara diferencia con otras lenguas romances como el italiano o el portugués, que producen, por ejemplo y respectivamente: La mia casa y  A minha casa / O meu carro (en alternancia con minha casa /meu carro).

Notemos a propósito que un hablante de español sí puede producir: El libro este o Los libros míos. Pero en estos casos, es el artículo el que aporta el valor de identificación porque, mientras que el demostrativo refuerza su valor deíctico, el posesivo pospuesto expresa el valor de posesión más como rasgo señalador de los libros que como una determinación de los mismos.


Pero no sólo eso, en el caso de que sean varios los modificadores que preceden al nombre, el artículo ocupa la posición más alejada del núcleo (sólo puede anteponérsele el cuantificador todos): los únicos interesantes y valiosos libros que leyó/ todos los…*los todos.

Estas son las razones que explican, a su vez, el importante hecho de que el artículo haya comenzado a usarse originariamente en los sintagmas con función de sujeto de la oración, como lo destaca A. Alonso en un estudio ya clásico sobre el tema:

(…) la historia del español (y de las demás lenguas románicas) nos dice que el artículo empezó a usarse sólo con el sujeto de la frase, no con el objeto ni con los complementos. Más tarde se acopló al objeto, y por último empezó a usarse con complementos preposicionales, aunque tímidamente y de modo hoy mismo muy imperfecto. Lo que implica que: en la formulación idiomática del pensamiento, el artículo comenzó por destacar la articulación de la frase en sujeto y predicado; más tarde destacó del predicado el objeto directo, y por último, aunque sólo esporádicamente, destaca algún complemento circunstancial. (Alonso 1933: 153-154)

La cita es interesante en más de un sentido pero hay una cuestión que resulta muy importante a nuestros propósitos porque permite justificar la marcada resistencia del español a aceptar como sujetos SSNN sin determinante (*Dólar volvió a subir, *Libros fueron comprados, *Estudiantes estuvieron en la asamblea)[7].

Los cambios operados

Como se desprende del desarrollo que estamos trazando, el proceso de gramaticalización del artículo del español desde la forma latina manifiesta los cambios propios de este tipo de fenómenos:

– cambio en el plano formal (se trata de un proceso fonético muy sencillo a partir del deíctico ille-illa illos- illas, que reduce su forma fonética, que comporta también una variación en su acento: de forma tónica pasa a forma átona).

–  cambio en el plano semántico (pierde su significado demostrativo originario),

– cambio en el plano sintáctico (se imponen restricciones en cuanto a presencia/ausencia, a su posición y a su combinación).


Los usos deícticos del artículo

Si bien en el proceso de evolución del latín al español el artículo abandona en gran parte su capacidad de señalamiento deíctico que tenía en su forma originaria, sigue empleándose en ciertas expresiones para designar a entidades próximas a los interlocutores: -valor de deíctico espacial (sobre todo en carteles, para indicaciones: Presione el botón, cuidado con el escalón) y  –valor deíctico temporal (en acompañando a unidades temporales: el lunes (en ciertos usos remite al pasado o el futuro recientes: Juan llegó el lunes, Juan vendrá el lunes).

En este último caso, se distingue del francés, por ejemplo, lengua que omite el artículo para estos casos: nous l’avons vu lundi passé.


Antes de terminar, nos gustaría hacer dos últimos señalamientos acerca de otros fenómenos asociados al tema que estamos considerando y que, sin duda, ameritan un estudio independiente.

Uno. El modelo de gramaticalización del artículo sirve de base para la evolución de los otros determinantes (demostrativos, posesivos, indefinidos) que experimentan procesos similares. En este sentido, otra gramaticalización que puede interpretarse en paralelo con la del artículo fue la del numeral latino unus, que desarrolló formas independientes ya de la información numérica originaria, la cardinalidad, que lo convirtieron en el determinante presentador indefinido uno, una, unos, unas.

Dos. La gramaticalización de ille fue muy productiva. Además de esta derivación nominal que describimos y que da cuenta de la pervivencia del nominativo en el artículo actualizador átono, esta forma latina evolucionó también en un identificador tónico, el pronombre personal él/ella y, más adelante, dio una vertiente verbal en forma de creación de expresiones morfológicas de complementos verbales (para expresar acusativo y dativo).

***

Las situaciones lingüísticas a las que nos hemos aproximado en esta presentación ilustran de modo claro que, al bucear por su historia, podemos encontrar valiosas pistas sobre el español, no sólo para delinear sus rasgos constitutivos y comprender su funcionamiento, sino también para ponerlo en un diálogo de afinidades y diferencias con otras lenguas. Pistas que corroboran, en fin, que el origen y el destino de una lengua pueden unirse en iluminadores enlaces.

 

Lecturas recomendadas

Además del estudio de Lapesa y de los exhaustivos y muy completos trabajos de Jiménez Juliá que figuran en las referencias bibliográficas, una obra de interés para una primera aproximación general al tema es el Cap. 3.1. del Manual de Gramática histórica de C. Company Company (México: UNAM, 2008).

Referencias bibliográficas

Alonso, A. ([1933] 1954), “Estilística y gramática del artículo en español”, Estudios lingüísticos. Temas españoles. Madrid: Gredos.

Boček, V. (2006). “La tipología del español y rumano. El sistema nominal”. Etudes romanes. Disponible en  digilib.phil.muni.cz › bitstream › handle › 11222.digilib

Jiménez Juliá, T. (2006). “Paradigma determinante en español. Origen nominativo, formación y características” en Verba. Anuario Galego de Filoloxía. Anexo 56. Universidad de Santiago de Compostela.

Jiménez Juliá, T. (2002). “Los determinantes en latín y en castellano: dos categorías diferenciadas” en A. Mª Aldama, Mª F. del Barrio y A. Espigares (eds.) noua et uetera. Nuevos horizontes de la Filología Latina. Madrid, Sociedad de Estudios Latinos, Tomo I, 219-229.

Leonetti, M. (1999). Los determinantes. Madrid: Arco/Libros.

Lapesa, R. (1961). “Del demostrativo al artículo”, Nueva Revista de Filología Hispánica XV, 23-44. Reed. en Lapesa (2000), nº 15, I, 360-387.

Múgica, N. (Directora). (2016). La gramática del español, un desafío en ELE. Buenos Aires: Biblos.

Rodríguez Ramalle, T. (2005), Manual de sintaxis del español, Madrid, Castalia.

***

Referencias del texto

[1] Para un análisis detallado de este tema cf. Cisneros, L. “Los determinantes: algunas observaciones sobre sus funciones y usos” en Múgica, N. (Directora). (2016). La gramática del español, un desafío en ELE. Buenos Aires: Biblos.

[2] Como sabemos, en la tradición gramatical, se entiende al artículo determinado del español como un índice que permite anunciar el género y el número del sustantivo y que tiene una importante función en casos como las/los participantes, el/la miembro dado que se constituye en el único indicador de la información del género. Es justamente esta propiedad la que aparece discutida en algunos tratamientos actuales de estudios del español, que ponen el foco de análisis en la categoría de género y sus modos de conceptualización. De acuerdo con algunas de esas perspectivas, los artículos masculinos no funcionarían como términos neutrales o no marcados (que alcanzarían indistintamente, en ciertos contextos, a masculino y femenino), por lo que al inventario que trazamos deberían sumarse las formas de artículo determinado “le” y “les”. El tema es realmente interesante porque pone la lupa sobre la naturaleza de la categoría de género y sobre la existencia o no de una base semántica para su constitución.

[3] No obstante, estas formas reducidas suelen alternar con formas plenas: “ellos infantes e ir alla cort” (Poema de Mio Cid, Menéndez Pidal, 1941, 261).

[4] Este fenómeno ha sido asociado a la hipótesis, muchas veces sostenida, de que el romance es más subjetivo/expresivo que el latín. Al respecto escribe Lapesa: “En el lenguaje no hay evoluciones ciegas ni hallazgos debidos al azar. La proliferación vulgar de instrumentos señaladores, originada por afán expresivo, servía para presentar seres y objetos en relación con las circunstancias y el punto de vista personales” (1961:28).

[5] Entre esas lenguas que derivan el artículo definido del ipse latino, pueden mencionarse el sardo, ciertos restos del occitano y una variedad del catalán, el catalán baleárico, que cuenta con el «l’article salat» o sigmático: es (masc. sg.), sa (fem. sg.), essos (masc. pl.), ses (fem. plural), formas derivadas de ipse, ipsa, ipsum con aféresis de la sílaba inicial.

[6] Una situación excepcional en este sentido dentro de las lenguas romances, la constituye el rumano, en cuyo sistema de determinación se destaca el artículo definido por ser un segmento enclítico, que se une al sustantivo. En algunas ocurrencias expresa sólo determinación, en otras, también da cuenta de otros rasgos gramaticales: número, caso y género. Ofrecemos a continuación una tabla que ilustra las formas del artículo rumano, tomada de Boček (2006:45), bibliografía a la que remitimos al lector para acceder a mayores especificaciones sobre el tema.

[7] En español, las posibilidades de formación de un sujeto sin determinante son marcadamente limitadas (refranes, titulares periodísticos, estructuras focalizadas). Las posibilidades de aparición de sujetos desnudos en la posición de sujeto se amplían si se trata de un miembro de una coordinación: Violencia y desocupación constituyen el resultado de malas políticas de inclusión social. Por eso es probable que un hablante produzca sin problemas oraciones como ésa y no, por ejemplo, *Violencia constituye el resultado de malas políticas de inclusión social. La mayoría de las explicaciones atribuyen este hecho a la incidencia de la longitud de sujeto sobre la configuración interna de la oración (o “efecto de pesantez”).